Imagina un mundo donde los coches eléctricos no solo sean más sostenibles, sino también más económicos. Suena como un sueño, ¿verdad? Pues un equipo de investigadores alemanes está trabajando para hacer de este sueño una realidad. En el corazón de este avance se encuentra un nuevo motor que prescinde de las polémicas tierras raras, esos materiales que han sido tanto un aliado como un dolor de cabeza para la industria automotriz. La idea es simple pero poderosa: mantener la eficiencia y el tamaño compacto, al mismo tiempo que se reducen drásticamente los costes de producción.

El innovador proyecto “NAFTech”
El Production Engineering of E-Mobility Components (PEM), parte de la Universidad RWTH Aachen, ha lanzado el proyecto “NAFTech”. Este ambicioso plan busca desarrollar un motor eléctrico de tracción libre de tierras raras que no comprometa la potencia ni la eficiencia. Pero, ¿por qué es tan importante esto? La respuesta está en la dependencia actual de materiales costosos y cada vez más difíciles de obtener debido a la creciente demanda mundial.
Los motores eléctricos convencionales, especialmente los de flujo axial, se destacan por su tamaño compacto y su elevado par motor, características ideales para coches eléctricos. Sin embargo, su principal inconveniente es que dependen casi exclusivamente de imanes hechos de tierras raras, lo que encarece el proceso. En la búsqueda de alternativas más sostenibles, la industria había recurrido a motores síncronos de reluctancia de flujo radial, pero estos sacrifican espacio y potencia, algo crítico en el diseño de un vehículo moderno donde cada gramo cuenta.
Así que, ¿cuál es la solución propuesta por “NAFTech”? Un innovador concepto híbrido: una máquina síncrona de reluctancia de flujo axial que combina lo mejor de ambas tecnologías. Esto significa que se busca la compacidad y el rendimiento de los motores de flujo axial, sin la dependencia de los materiales más problemáticos.
Un enfoque integral para el diseño y la producción
El profesor Achim Kampker, que lidera el proyecto, destaca que la producción de motores de flujo axial actualmente se realiza en volúmenes relativamente bajos y con procesos que aún no están completamente optimizados. Esto implica que no basta con imaginar un nuevo motor; hay que garantizar que puede fabricarse de manera industrial y rentable.
Para ello, el equipo adopta un enfoque integral que abarca desde la topología del motor hasta el diseño y los métodos de producción. Con la ayuda de optimización basada en datos, buscan asegurar que cada pieza encaje perfectamente y que el rendimiento real coincida con las expectativas. Pero, ¿cómo se validará todo este diseño? A través de demostradores por partes, que permiten probar módulos específicos antes de construir el producto final completo.
Esto es crucial porque garantiza que las simulaciones sean precisas y que el concepto pueda escalarse a producción en serie sin disparar los costes. Y aquí es donde las cifras empiezan a ser realmente impactantes: un motor sin imanes podría reducir los costes de material hasta en un 50%. En un sector donde cada céntimo cuenta, esta cifra no es para nada despreciable.
La importancia de esta innovación va más allá de los números. La dependencia de las tierras raras puede convertir a los fabricantes en víctimas de precios volátiles y tensiones geopolíticas. Con un motor que no requiera estos materiales, se estabilizan los costes, lo que a su vez abona el terreno para nuevas empresas en el mercado.
Además, ante la creciente presión normativa y social por reducir las emisiones de CO2, optar por tecnologías sin imanes permanentes podría ser una estrategia ganadora. Según el PEM, invertir en soluciones magneto-libres en esta etapa podría significar una posición de liderazgo en un mercado con un potencial de crecimiento impresionante.
Así que, en lugar de simplemente buscar un motor diferente, el proyecto “NAFTech” propone un cambio radical en la ingeniería de los coches eléctricos. Si logran combinar compacidad, eficiencia y costes más bajos sin depender de las tierras raras, podríamos estar ante una pieza clave para hacer que los coches eléctricos sean más accesibles y menos vulnerables a las fluctuaciones del mercado. En un contexto donde la autonomía y la sostenibilidad son esenciales, este avance es más que bienvenido.


