Imagina un motor eléctrico que no pesa como un ladrillo y, además, no necesita de cobre ni aluminio. Suena a ciencia ficción, ¿verdad? Pero esto ya es una realidad gracias a un equipo de investigadores del Instituto Coreano de Ciencia y Tecnología (KIST), que han dado un paso gigante en la eficiencia de los motores eléctricos utilizando nanotubos de carbono (CNT).

Este nuevo motor, que se presenta como una alternativa a los tradicionales, utiliza unos cables eléctricos compuestos núcleo-vaina (CSCEC) que son tan delgados que apenas alcanzan los 0,3 mm de grosor. Esto los hace no solo ligeros, sino también increíblemente flexibles, lo que podría permitir su uso en una amplia gama de aplicaciones, desde automóviles hasta dispositivos de menor escala.
Motor eléctrico radical sin bobinas metálicas
Al eliminar las bobinas de cobre o aluminio, estos innovadores cables han logrado reducir considerablemente el peso de los motores eléctricos, lo que es un gran avance en la búsqueda de soluciones más sostenibles y eficientes. Hasta ahora, este motor ha sido capaz de energizar un auto de juguete, y aunque su potencia es modesta (solo 2–3 V y 3,5 W), es un claro indicativo de que estamos en el camino correcto hacia la electrificación limpia.
El secreto: el proceso LAST
Pero, ¿cómo logran estos investigadores este milagro tecnológico? La clave está en un proceso llamado Lyotropic Liquid Crystal-Assisted Surface Texturing (LAST). Este método permite organizar los nanotubos de carbono de tal manera que se eliminan las impurezas metálicas, manteniendo intacta su estructura unidimensional. El resultado es una conductividad eléctrica que supera el 130% en comparación con los métodos tradicionales, además de un motor mucho más ligero.
Comparación con motores reales
Para poner esto en perspectiva, un Tesla Model S cuenta con motores que pesan un total de 68 kg, de los cuales aproximadamente el 25% es cobre. Con el uso de los cables CSCEC, este peso podría reducirse a 52,2 kg. Imagina lo que esto podría significar para la eficiencia energética y la movilidad eléctrica. Menos peso significa más autonomía y menos batería, lo que se traduce en un menor impacto ambiental.
Menos peso implica: un uso más eficiente de la energía, mayor autonomía en vehículos eléctricos y, por supuesto, un menor coste de producción y mantenimiento a largo plazo.
Limitaciones actuales
No todo es perfecto aún. A pesar de los avances, la conductividad eléctrica de los CNT (7,7 MS/m) sigue estando muy por detrás de la del cobre (59 MS/m). Esto implica que, aunque el peso se reduzca significativamente, la eficiencia general del motor todavía no puede competir con los motores tradicionales. En pruebas, el motor hecho con CNT alcanzó unas modestas 3.420 RPM, mientras que su contraparte de cobre llegó a unas impresionantes 18.120 RPM.
Además, el coste de producción de los CSCEC es bastante elevado, entre 350 y 450?€ por kilogramo, en comparación con los 9-10?€ del cobre. Para que esta tecnología se implemente, los ingenieros tendrían que rediseñar completamente los motores y sistemas eléctricos, lo que podría ser un gran desafío en la industria.
Y no olvidemos la producción de nanotubos de carbono, que a pesar de sus ventajas, todavía requiere procesos que son intensivos en energía y generan productos químicos nocivos, como el ácido clorosulfónico.
Potencial de esta tecnología
A pesar de que aún queda camino por recorrer, el potencial ecológico de esta innovación es innegable. Con el aumento de la demanda por soluciones energéticas limpias y sostenibles, tecnologías como esta podrían ser clave en la electrificación del futuro. Aunque la adopción masiva de cables CSCEC con CNT enfrenta obstáculos, es sin duda una de las tecnologías más prometedoras que podrían revolucionar el sector de la movilidad eléctrica.


