La Unión Europea ha decidido cambiar de rumbo en su enfoque hacia la industria automotriz. Tras años de ignorar las alarmas del sector, parece que se ha dado cuenta de que sus políticas estaban causando un verdadero caos. Como quien se da cuenta de que se ha olvidado de hacer los deberes a última hora, Bruselas está intentando enmendar el desaguisado.

¿Te suena el lema ‘America First’? Es esa famosa expresión de Donald Trump que se refiere a priorizar los intereses de Estados Unidos en todos los frentes. Ahora, prepárate para escuchar sobre el nuevo mantra europeo: ‘Europa First’. Esta estrategia promete dar un giro radical a la manera en que se subvencionan los vehículos eléctricos en el continente.
Según una reciente filtración del Financial Times, la Comisión Europea está trabajando en una legislación que atará los incentivos estatales para la compra de vehículos eléctricos, híbridos y de pila de combustible a que estos sean ensamblados en la UE. Sí, has leído bien: la procedencia de los componentes será fundamental para poder disfrutar de esas ayudas tan deseadas.
Las nuevas reglas de juego: 70% de componentes europeos
A pesar de que la presentación oficial de la nueva Ley de Aceleración Industrial está programada para el 25 de febrero, ya conocemos algunos detalles clave. El borrador establece que las compras públicas y las subvenciones para vehículos eléctricos deberán cumplir con el requisito de que al menos el 70% de los componentes (sin contar la batería) sean de origen europeo. Esto es un cambio radical que podría transformar la industria.
Esta legislación, impulsada por la presidenta Ursula von der Leyen, busca poner freno a la creciente influencia de los fabricantes chinos, quienes dominan el mercado gracias a sus costes de producción más bajos y a subsidios estatales que les otorgan una ventaja competitiva considerable.
Desaparecen las ayudas para coches ‘no europeos’
Hasta ahora, muchos países de la UE ofrecían incentivos a la compra de vehículos eléctricos independientemente de dónde se fabricaran. Con esta nueva normativa, cualquier modelo que no cumpla con el umbral del 70% de valor añadido europeo quedará fuera de las ayudas estatales. Esta es una clara señal de que la estrategia se ha vuelto más proteccionista.
Se tendrán en cuenta diversos factores para que un vehículo pueda acceder a subsidios. Por ejemplo, deberá ser ensamblado en la Unión Europea, y se medirá el valor de los componentes. Además, se exigirá que partes críticas de la batería también sean de origen comunitario. Todo esto busca reducir la dependencia de materias primas de países externos, especialmente en un contexto de tensiones comerciales con China.
Reacciones: entusiasmo y preocupación en la industria
Las reacciones no se han hecho esperar. Grupos como Volkswagen y Stellantis han recibido la noticia con entusiasmo, llegando a promover públicamente estas iniciativas. “Todo vehículo eléctrico de batería ‘Fabricado en Europa’ debería recibir una bonificación de CO2”, afirman el consejero delegado de VW, Oliver Blume, y el director de Stellantis, Antonio Filosa, en un comunicado conjunto.
En contraposición, otros fabricantes, como BMW, han expresado su inquietud ante posibles represalias de China, su mercado más lucrativo. Temen que estas nuevas regulaciones aumenten la burocracia y encarezcan los precios finales para el consumidor, complicando el objetivo de hacer la movilidad eléctrica más accesible.
El futuro del mercado y sus consecuencias
La entrada en vigor de estas medidas ‘Europa Primero’ llega en un momento crucial. Con la Agencia Internacional de la Energía (AIE) pronosticando un aumento del 30% en las ventas de coches eléctricos a nivel global para 2025-2026, la UE teme que este crecimiento sea aprovechado únicamente por marcas extranjeras.
La Comisión Europea espera que estas medidas incentiven las inversiones en gigafactorías dentro de Europa. El plan contempla un fondo de apoyo destinado a reforzar la cadena de suministro de baterías en el continente, garantizando que la transición hacia una economía verde no suponga una desindustrialización.
La lucha por el futuro del coche eléctrico no se limita solo a un tema ambiental, es también una cuestión de soberanía económica. A partir de 2026, el mensaje de Bruselas es claro: si quieres el apoyo de los contribuyentes europeos, tu coche debe ser ‘Made in Europe’.


