¿Por qué nadie compra coches eléctricos usados?

El Plan MOVES no está funcionando como debería, y los expertos señalan que la clave está en el mercado de segunda mano. ¿Por qué nadie quiere coches eléctricos usados? ¿Son las baterías realmente un problema o hay algo más detrás?

MOVES: un plan de ayudas que no ayuda

Si hay algo en lo que muchos coinciden, es en que el Plan MOVES del Gobierno español ha sido un auténtico dolor de cabeza para quienes quieren pasarse a la movilidad eléctrica. La teoría suena bien: ayudas económicas para que la compra de un coche eléctrico sea más accesible. Pero en la práctica, el sistema tiene más trabas que ventajas.

El principal problema es que el comprador tiene que adelantar el 100% del coste del coche y luego sentarse a esperar… y esperar… y esperar. Las subvenciones tardan meses o incluso años en llegar, lo que hace que muchas personas ni se planteen acceder a ellas. ¿De qué sirve una ayuda que llega cuando ya te has arruinado en el intento?

Pero este no es el único fallo del MOVES. Según los expertos, el sistema actual se queda corto en algo esencial: impulsar el mercado de coches eléctricos de segunda mano. Y es que, sin un mercado de ocasión fuerte, la electrificación del parque automovilístico será un objetivo inalcanzable.

El mercado de segunda mano, la clave olvidada

En el Foro Económico Mundial de Davos, Stan Zurkiewicz, director general de DEKRA, dejó clara una realidad incómoda: sin un mercado de coches eléctricos usados sólido, será imposible que las ventas de nuevos modelos despeguen en Europa. Y tiene razón.

El problema de base es simple: los coches eléctricos son caros. Mucho más que sus equivalentes de combustión. Para muchas personas, la única forma realista de acceder a uno es comprándolo de segunda mano. Sin embargo, este mercado apenas está arrancando y, lo que es peor, no está funcionando como debería.

Uno de los mayores frenos es la desconfianza en el estado de las baterías. Los consumidores temen que, tras unos años de uso, la capacidad de las baterías haya caído en picado, haciendo que el coche pierda gran parte de su autonomía. Pero esto no es cierto, y ahí está la gran paradoja.

Las inspecciones realizadas por DEKRA en más de 25.000 coches eléctricos usados han revelado que la gran mayoría de baterías conservan más del 90% de su capacidad, incluso tras recorrer muchos kilómetros. Es decir, los temores de los compradores no se basan en datos reales, sino en una percepción errónea. Y esa percepción errónea está paralizando el mercado.

Mientras tanto, las cifras hablan por sí solas: en 2023 se vendieron 450.000 coches eléctricos usados en Europa, 400.000 en EE.UU. y 800.000 en China. Son números bajos si consideramos que en todo el mundo circulan unos 40 millones de coches eléctricos.

Entonces, ¿cómo se soluciona este problema? La respuesta es más sencilla de lo que parece.

Una solución simple para un problema complejo

El problema del mercado de coches eléctricos usados no es la calidad de las baterías, sino la percepción que tienen los consumidores sobre ellas. Y como bien apunta el director de DEKRA, esto tiene solución.

Lo primero que hace falta es un sistema estándar para evaluar el estado de las baterías. Hoy en día, un comprador de un coche eléctrico de segunda mano no tiene forma fácil y fiable de saber cuánta vida útil le queda a la batería. Y como no hay certezas, la mayoría prefiere no arriesgarse.

Si existiera un sistema universal y accesible para medir y certificar la salud de las baterías, la confianza en los coches eléctricos usados aumentaría drásticamente. Los consumidores tendrían datos concretos en los que basar su decisión, y los vendedores podrían demostrar que sus vehículos siguen en buen estado.

Pero eso no es todo. Las ayudas públicas deberían incluir también a los coches eléctricos de segunda mano. Hasta ahora, los planes como el MOVES sólo han beneficiado la compra de vehículos nuevos, dejando fuera a aquellos compradores que, por razones económicas, necesitan acceder al mercado de ocasión.

Esto no solo haría que más personas pudieran dar el salto al coche eléctrico, sino que democratizaría su acceso, beneficiando especialmente a las rentas más bajas. Porque, al final, si de verdad queremos que los coches eléctricos sean el futuro, no pueden ser solo para unos pocos.

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